Cruz Azul conquista su décimo título en la Liga MX

El Cruz Azul ha dejado una herida abierta en los Pumas al ganarle el campeonato de la Liga MX en un escenario hostil para los cementeros que le dieron un vuelco al guion para poder ganar el título en los últimos minutos (1-2). Así, los celestes han alcanzado su décimo trofeo en México tras pasar casi cinco años sin volver a saber lo que es ponerse la medalla. El fútbol le concedió a la máquina una venganza tras caer ante el América en 2024, su otro gran rival en la capital mexicana. Atrás quedaron las maldiciones del Azul. El triunfo también trae consigo una historia peculiar, la de Joel Huiqui, quien dirigió solo siete partidos en Primera División y ya es campeón.

Los Pumas y el Cruz Azul llegaron al campo con una maleta cargada de fantasmas, cada uno preocupado por esos males que les acompañan como clubes. Hubo quien le llamó la final de la obsesión, más bien de la fe. El partido de ida había quedado en un suspenso enorme tras un empate sin goles, aunque con mayor enjundia de los cementeros. Los universitarios le confiaron todo a esa defensiva y, sobre todas las cosas, a Keylor Navas. La afición lo ha alzado como su máximo ídolo. Era el trabajo duro, el más áspero, el poco vistoso, pero útil para los planes de Juárez. La cosa era que el equipo reaccionara de la forma más agresiva este domingo. Aunque para eso hubo que esperar.

El Estadio Olímpico Universitario se volvió un búnker auriazul, para intentar que las tribunas aportaran ese porcentaje mínimo (y valioso) que a veces impulsa a los equipos. Las tribunas pedían dar la vuelta este año a sus Pumas a golpe de cánticos apabullantes, de Goyas y mucha energía contenida. Había olor de pólvora tras decenas de fuegos artificiales lanzados antes del partido. Era el comienzo de esta batalla. Los felinos salieron al campo con su mejor once, sin guardarse nada. Tampoco los de Cruz Azul.

Navas hizo sus primeras intervenciones en los primeros 10 minutos al mandar el balón al córner en dos ocasiones y evitar un remate del nigeriano Ebere. Siempre clave el costarricense y desde las butacas le agradecían con ovaciones, a su ya nombrado San Keylor. La máquina cementera arrebató el bastón de mando en el partido y le hizo tener mucho trabajo. Los medios y delanteros felinos poco podían construir ante las barricadas del Cruz Azul.

El partido viró hacia la alta intensidad cuando al minuto 30 un contragolpe universitario que terminó con remates a portería de Uriel Antuna hasta que el balón cayó a los pies del paraguayo Robert Morales para hacer el 1-0 que prendió aún más al estadio. Los jugadores de Pumas se quitaron una carga de encima para poder plantear el juego con mayor holgura. Navas emergía del área para salvar, con la mano zurda o derecha, para desviar cada centro o intento de remate que se le cruzara. La banda que más problema le causó fue la izquierda donde Omar Campos y Agustín Palavecino ponían en aprietos a Antuna y al defensor Rodrigo López, quien en un acto de desesperación pegó una patada multada con una tarjeta amarilla.

Con la llegada del segundo tiempo, también vino la lluvia. Para más épica y drama alrededor del balón. Los dirigidos por Joel Huiqui presionaron por las bandas para intentar quebrar la defensa de Pumas. Apenas reinició el partido y casi sorprenden a la zaga universitaria.

Parecía ser que los felinos habían marcado el 2-0 gracias a Juninho, pero el brasileño metió la mano para apoyar su movimiento y el árbitro anuló la acción de inmediato. Carrillo probó también chutar al ras pero con poca efectividad. Y llegó el peor golpe para los locales cuando un centro por la derecha terminó en el área universitaria y nadie pudo despejar el balón y, cuando lo intentó expulsar el español Rubén Duarte, todo terminó en autogol (1-1). Otro revés fue la lesión súbita de Adalberto Carrasquilla, quien tuvo que cederle su puesto a Santiago Trigos.

Los felinos no la pasaron tan bien cuando Piovi se inventó un disparo de larga distancia que terminó desviado por Keylor. La herida acompañaba a los Pumas que intentaban responder con los regates de Jordan Carrillo o la velocidad de Álvaro Angulo. Al minuto 71 hubo otra baja en el pelotón universitario cuando salió por lesión Duarte. Su suplente fue el canterano Pablo Benevendo. El tiempo se empezó a agotar, con dos equipos exhaustos, aunque el Cruz Azul tenía un banquillo sólido.

El partido terminó en el alargue, no sin antes una expulsión de Uriel Antuna. Los Pumas se quedaron sin uno, sin una garra en el ataque. En el tiempo de alargue cayó el gol del Azul gracias a un misil de Rotondi para quebrar la voz y esperanzas de más de 46.000 aficionados que estaban en el recinto. Ya los Pumas, en un último zarpazo, intentaron buscar un empate agónico y se encontraron con otra expulsión, la de su juvenil Ángel Rico. El equipo estaba cojo, adolorido, ya sin nada qué hacer.

El festejo fue lindo para la máquina cementera en el campo. La mancha celeste en el recinto saltó de felicidad porque ganaron la Liga MX en un estadio que, a inicios de torneo, rentaban y que ahora dominan. “¡En su estadio, en su estadio!“, se escuchaba. No solo ganaron esta Liga MX, también la Copa de la Concacaf hace un año en esta misma cancha que, para los auriazules, ya ha sido profanada.

En las tribunas del Olímpico Universitario permaneció el Cómo no te voy a querer de los universitarios para unos Pumas que rozaron la gloria, en un torneo que parecía ser de ensueño y terminó con un corazón roto. La llaga está abierta en los Pumas que cuentan 15 años sin ganar un título.

(El País)