Un año antes tuvieron lugar de los peores fuegos forestales de la Patagonia en tres décadas, en una seguidilla de eventos extremos que pone bajo presión permanente a los sistemas oficiales y comunitarios de combate del fuego.
“No hay manera de describir lo que se está viviendo. Hay focos en todos lados, cada cinco minutos se anuncia uno nuevo. Es un infierno”, declaró Flavia Broffoni, residente de Epuyén, y una de las decenas de voluntarias que ayudan a contener las llamas desde el lunes, cuando el fuego inició en el balneario Puerto Patriada, a mil 700 kilómetros de Buenos Aires.
El fuego devoró miles de hectáreas de vegetación y rodeó la pequeña localidad de Epuyén, de poco más de dos mil habitantes, encerrada entre un lago de origen glaciar y cerros poblados por bosques nativos. Más de 10 viviendas se incendiaron.
El operativo oficial cuenta con 500 personas entre brigadistas, rescatistas, bomberos, fuerzas de seguridad y personal de apoyo, y se espera que el fin de semana lleguen refuerzos desde Córdova y del vecino Chile.
Hernán Ñanco, brigadista de 27 años, que hace nueve años trabaja en el Servicio Nacional de Manejo del Fuego, relata la “angustia” por la incomprensión de las autoridades hacia una tarea de gran “estrés mental y físico”.
Como muchos de sus compañeros, Ñanco tuvo que recurrir al pluriempleo, porque el recorte del gasto público que impulsa Milei dejó el salario de un brigadista entre 400 y 600 dólares, aproximadamente. “No se puede vivir de esto, al menos no en Argentina, y de hecho mucha de la gente se nos está yendo porque los sueldos no avanzan”, lamentó. (La Jornada)